Facultades de Educación: ser maestro
¡La Facultad de de Educación es el lugar donde se dan las herramientas a los dadores de herramientas! Siempre me ha parecido fascinante pensar eso. ¿Cuál es la esencia de niños y niñas? Ilusión, imaginación, creatividad, curiosidad… Si esa es su esencia, no podemos hacer que la dejen fuera del aula, que entren y se…
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¡La Facultad de de Educación es el lugar donde se dan las herramientas a los dadores de herramientas! Siempre me ha parecido fascinante pensar eso.
¿Cuál es la esencia de niños y niñas? Ilusión, imaginación, creatividad, curiosidad… Si esa es su esencia, no podemos hacer que la dejen fuera del aula, que entren y se comporten como pseudoadultos y que repitan lo que nosotros queremos que digan. Viajar a ese momento para entenderlos mejor y que nos entiendan mejor: esa es una de las claves.
Otra, entender que son seres sociales, y continuamente interactúan con otras personas diferentes, como ellos: eso también ha de estar en ese espacio que es la escuela como una de las grandes enseñanzas que se pueden llevar.
Como futuros docentes, o como docentes en activo, trabajemos el respeto a las demás personas pero también hacia ellos mismos; respeto al lugar donde viven y a los seres con quienes lo comparten.
Es nuestra obligación convertirlos en ciudadanos globales, prepararlos para los retos que la vida les presentará ya no en el futuro, sino en el presente.
Y si niños y niñas han de llevarse para siempre alguna lección, también los docentes hemos de hacerlo. La primera y gran lección que debe recordar cualquier maestro, da igual si tienes veinte, treinta o cincuenta y tantos años, es que cada día que vayamos a la escuela debemos hacerlo con entusiasmo, y vivir con pasión el regalo de ejercer esta profesión. No vas a ser maestro de lengua, del inglés o de ciencias: vas a marcar la vida de esos niños y niñas que tengan la suerte de tenerte a su lado.
Por eso me siento especialmente bien cuando visito las facultades de Educación y empiezo por contarles todo esto a los futuros maestros y maestras; cuando soy consciente de que voy a hablar con gente que en poco tiempo estará rodeado de cientos de niños y niñas siento una satisfacción indescriptible.
No pasan por nuestras manos, no: ¡pasamos por sus vidas para hacerlas mejores!
