Prevención y erradicación del acoso escolar
Ser diferente es un regalo, nunca un inconveniente. Esto debería estar escrito en todas las pizarras, las paredes, las puertas… con luces de neón, para que chicos y chicas tuvieran clara una de las lecciones más importantes que pueden aprender. César Bona en una charla con niños y niñas en Las Palmas de Gran Canaria…
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Ser diferente es un regalo, nunca un inconveniente. Esto debería estar escrito en todas las pizarras, las paredes, las puertas… con luces de neón, para que chicos y chicas tuvieran clara una de las lecciones más importantes que pueden aprender.

César Bona en una charla con niños y niñas en Las Palmas de Gran Canaria
La educación en el respeto a las diferencias es esencial para conseguir una convivencia pacífica y respetuosa. Un ser humano es grande cuando sabe relacionarse con los demás y usa su conocimiento para mejorar el lugar donde vive. Uno crece cuando entiende la riqueza que proporciona convivir con personas diferentes a uno mismo.
Miles de personas padecen discriminación cada día por motivos de nacionalidad, etnia, género, aspecto físico, cultura, orientación sexual o por tener distintas capacidades. Con esta perspectiva, el acoso escolar no es sino el reflejo de la sociedad en la que vivimos. Sin embargo, la educación puede cambiar esa tendencia y es misión de todos educar para una convivencia pacífica. Por eso, en casa y en las escuelas, es necesario permitir que se conozcan, porque cuando se conoce a la otra persona, uno deja de tener miedo a lo desconocido y tiene la posibilidad de cambiar esos prejuicios que cerraban la puerta por una convivencia pacífica y respetuosa. Somos seres sociales, y el respeto a las diferencias es clave para la convivencia. Y dar voz a chicos y chicas y hacerles protagonistas del cambio es clave para lograr ese objetivo. Con ellos hay que hablar sobre respeto y la necesidad de erradicar el acoso escolar y cualquier forma de violencia física o verbal. Necesitamos niños, niñas y adolescentes que den un paso adelante. Cada palabra, cada gesto cuenta, y ninguna falta de respeto, física o verbal, es “cosa de niños”.
