Uno de septiembre…

Uno de septiembre. Para todos los maestros y maestras, esta fecha tiene algo especial. Volver a encontrarse, conocer nuevos compañeros, preparar aulas, compartir ideas e imaginar todo lo que puede suceder durante los próximos meses. Un volver a empezar que nunca es igual a los anteriores. Convivimos, de forma cada vez más estrecha, con una…

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Uno de septiembre. Para todos los maestros y maestras, esta fecha tiene algo especial. Volver a encontrarse, conocer nuevos compañeros, preparar aulas, compartir ideas e imaginar todo lo que puede suceder durante los próximos meses. Un volver a empezar que nunca es igual a los anteriores.

Convivimos, de forma cada vez más estrecha, con una herramienta que evoluciona más rápido que lo hacen los métodos y las teorías de enseñanza. Esta nos facilita las cosas en el día a día, pero también hace que educar sea cada vez más retador, porque cuanto más pueda hacer la tecnología por nosotros, más necesario será preguntarnos qué capacidades queremos que nuestros alumnos sigan ejercitando por sí mismos. 

Y el reto es mayor porque ya no basta con conseguir que disfruten yendo al colegio o que aprendan aquello que marca el currículo. Ahora, más que nunca, tendremos que provocar su curiosidad y conseguir que ninguna tecnología les ahorre las ganas de descubrir; tendremos que espolear su creatividad para que imaginen posibilidades que todavía no existen; tendremos que animarles a hacerse preguntas, aunque estas cuestionen nuestro propio pensamiento de docentes; y tendremos que enfatizar que todo parte de una convivencia sana, porque en este mundo que se empeña en vivir de forma convulsa, ninguna herramienta sustituirá la complejidad de encontrarnos con otros, escucharlos, discrepar y construir juntos.

 Sí, es un reto enorme, porque ahora más que nunca hemos de invitarles a interpretar lo que oigan y lo que vean y a tomar sus propias decisiones en un entorno donde tendrán cada vez más respuestas a su alcance. Un reto gigante, y lo sabes muy bien, porque vamos a tener que hacerles entender que esa fricción incómoda que acompaña al aprendizaje, con todos sus errores, sus dudas y sus momentos de incertidumbre, es necesaria para crecer.

Ojalá este curso encontremos tiempo para cuidar todo eso: en nuestros alumnos/as, en nuestros compañeros y también en nosotros mismos.

¡Muy feliz inicio de curso!

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